Translate

Mostrando entradas con la etiqueta Azul de Asbaje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Azul de Asbaje. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de mayo de 2012

Un tema, sólo por esta quincena.

Hola a todas las escritoras y a nuestros lectores.

Las participantes de este blog hemos acordado abordar un tema cada quince días para ser desarrollado por cada una de nosotras según nuestro estilo e ideales, aportando ideas ya sea en forma de opinión, cuento, crónica, poesía o cualquier manifestación literaria sin desviarnos del pensamiento central que se haya designado por el tiempo estipulado.
En esta ocasión me toca a mí elegir el tema de esta quincena. Sí, quincena como esas en las que les pagan a muchas personas trabajadoras de este país. Sí, intento creer que son honradas y trabajadoras.
El universo está lleno de situaciones y la mente humana es capaz de crear mil y una ideas respecto a todo lo que existe en nuestro alrededor e incluso más allá de la comprensión humana, hay mucho para escoger. Yo, sin embargo, me he decidido a elegir un tema que estoy segura nos concierne a todas las participantes de este blog: El inicio de algo nuevo. La existencia está llena de finales, pero también de principios llenos de expectativas y curiosidad. ¿Qué podremos crear teniendo "El inicio del algo nuevo" como idea central? 
Analícen el tema que he elegido según su criterio y que sus dedos y sinapsis decidan lo que han de escribir.
Veamos qué tal nos funciona esto.

 Les mando un abrazo, de esos que se dan cuando se desea suerte, cuando de corazón le deseas a alguien lo mejor de lo mejor. Un placer compartir este blog con ustedes. 


Azul de Asbaje.

jueves, 26 de abril de 2012

El jugo de betabel y las tijeras

"Bez muke nema nauke" (No pain, no gain)

El pensamiento la golpeó casi como un meteorito que choca con la atmósfera terrestre, pero a diferencia de esta roca espacial, aquel pensamiento intangible no desapareció al contacto, es más, quedó rondando su mente sin intención de desvanecerse. Cerró los ojos y bebió el vaso con jugo de betabel que tenía en su mano derecha. Era espeso y oscuro, bien podría parecer sangre. Sintió el tacto del vidrio en sus labios, el líquido rozando su fina sonrisa, atravesando su lengua, tragándolo. Nunca se había puesto a disfrutar de tan mecánico acto humano. Acto seguido tomó un mango del frutero, lo peló con sus palitos de pan y lo mordió. Ah, el sabor delicioso del mango resbalando por sus dedos, escurriendo su jugo desde la boca que lo succionaba hasta gotear en el nacimiento de los pechos de esa mujer. Ella sentía su sabor, su olor, su sensación. Se dirigió a la regadera, la abrió y entró tal cual se encontraba, pegajosa, vestida, poseída por una idea que atravesó el campo gravitacional de su cerebro y se impactó en él.

Dentro de la regadera comenzó a quitarse la ropa, pesada a causa del agua. El borboteo proveniente de ese tubo plateado saliente de la pared chocaba con su cuerpo ahora desnudo. Estando allí, bajo el chorro líquido y frío que la bañaba seguía meditando respecto a la monotonía y mecánica con la que los seres humanos realizan todas sus actividades diarias, deberían disfrutarlo todo, incluso la muerte. Cerró la llave, se secó con la toalla más próxima que halló. Hacía calor. Así como estaba, desnuda y con el cabello húmedo, se dirigió a su habitación, destapó todos los frascos que encontró y los olió, regocijándose con todo lo que olía, como si quisiese grabarse el aroma de cada sustancia. Se asomó por la ventana que daba a la calle solitara, observó esa vista que había tenido todos los días desde hace más de tres años. Se vistió y salió a caminar por esos lugares que ya tan bien conocía, lo miró todo, lo tocó todo, inclusive posó su lengua en las paredes de una iglesia construida en en siglo XVIII diciéndose así misma que lamía historia pura. Autos, gente caminando en la aparente intrascendencia de la vida, árboles, alguna que otra flor ¿en qué momento fue que el mundo llegó hasta esto? Un puesto de periódico; fotos de balaceados, atropellados, decapitados, secuestradores... ¡Horror! Todo lo que para ella parecía hermoso se desvanecía al recordar que el mundo era mucho más cruel de lo que pudiese imaginar. Su bienestar y felicidad se derrumbaron como la ventana que se rompió aquella mañana de febrero cuando sus hermanos y ella jugaban con la pelota que su padre les había regalado. Travesuras e inocencia de niños. Tiempos que no volverían, ya había crecido, conocía el mundo y se encontraba compungida.

Decidió regresar a casa. Se dirigió al armario, buscó unas tijeras y las miró con detenimiento. Pensaba en la humanidad, esa humanidad que amaba y odiaba por exactamente las mismas razones, las ideas siempre convergían y no veía que la respuesta se asomara por ninguna parte provocándole una incontenible animadversión. Extendió su antebrazo izquierdo y miró, marcadas en su blanca piel, sus azulosas venas. Abrió las tijeras y comenzó a cortar rápido y profundo. La sangre brotó. ¿Por qué no disfrutar el dolor y la muerte mientras esta sucede? Quizá sea lo último que podamos disfrutar en esta vida y eso sí, tendremos sólo una oportunidad para nuestro deleite. Sintió la textura de la sangre y gozó la vista de su rojo brillante. Hizo lo mismo con el antebrazo derecho. Se sentó en el suelo, aún consciente de su desangramiento y colocó las tijeras a un lado. Se dedicó a disfrutar la sensación de que ya no podía hacer nada, la sensación de líquido rojizo corriendo por sus manos hasta llegar al suelo. Reía, reía al imaginarse como la única persona que disfrutaba de su muerte en ese momento, reía pensando que habría personas que morirían sin haber disfrutado de nada. Ya casi llegaba la hora, se fue debilitando, debido a la pérdida de sangre comenzó a palidecer. Decidió cerrar los ojos para dejar de ver (ya había visto demasiado) y solamente dejarse llevar por el dolor, la felicidad y el arrepentimiento por última vez. Incluso podría jurar que disfrutó hasta el respiro final de su delirio, delirio que ocurrió una mañana mientras bebía un vaso con jugo de betabel.

Facebook del Blog

miércoles, 15 de febrero de 2012

Tiempo, recuerdo, olvido. Escribí, pero no dije nada.


"Y miraré las nubes sin pensar que te quiero,
con el hábito sordo de un viejo marinero
que aún siente, en tierra firme, la ondulación del mar"
José Ángel Buesa. Fragmento

El tiempo corre, se nos escapa. Nuestras vidas comienzan a tomar rumbos distintos y no sé si algún día volvamos a encontrarnos. Hoy me he puesto a pensar que hay que tener valor para decirle adiós a las cosas materiales, a los lugares, las etapas y las personas a las que conocemos  y digo valor porque no es fácil despedirse de algo -o alguien- que ha sido parte de tu vida, de ti mismo.

Nuestro destino está forjado a partir de nuestras decisiones, incluso a pesar de que el haber coincidido contigo no fuera mas que una causalidad de la vida; la más maravillosa y fatídica de todas, Sí, decisiones que tomamos de manera inadecuada o certera con desconocimiento momentáneo de su por qué. Simplemente lo hacemos.

Es curioso como los seres humanos nos aferramos a tantas cosas, de todo tipo. ¿Por qué nos entristece el hecho de dejar ir a pesar de saber que en este universo absolutamente todo tiene un fin? ¿Por qué, incluso antes de dejarlo ir, tenemos miedo de perderlo? Esta es otra de las situaciones que no logro comprender, y mucho menos cuando al caminar cada mañana, intentando ignorar al recuerdo, hago uso de mis memorias y pongo frente a mí la imagen del olvido. He aquí otra de las cosas absurdas que me pongo a meditar en las noches, pero para mí dejan de serlo cuando recuerdo que siempre habrá alguien más pensando algo parecido a lo que yo pienso.

¿Sabían que tengo una pequeña adicción a las redes sociales?


Escribo para practicar porque dejé de hacerlo hace meses y las ideas se quedaron flotando en mi cerebro, así que si alguien gusta criticar, dar una opinión o decir si le gustó o no le gustó háganme un favor y tómense el atrevimiento de hacérmelo saber. Buenas noches.

martes, 24 de enero de 2012

Hoy tuve un sueño

Ves cosas y dices,"¿Por qué?" Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, "¿Por qué no?". -George Bernard Shaw

23:27 hrs. Debería estar terminando mi tarea, pero de mí se han apoderado de forma más que inminente las ganas de escribir algo.

Hoy tuve un sueño. En el estábamos tú, yo y un personaje a quién llamaremos Libia Pomelos, quien vaya que recoge la esencia de Pomelos, el espíritu de la guerra y la batalla.

Decía, tuve un sueño, ¿hasta qué punto pudiese denominarse un sueño? El término adecuado debería ser pesadilla. Se convirtió en pesadilla cuando en mi sueño aparecías tú. 

Encontrábame en la escuela, rodeada de amigos y desconocidos, cuando de la nada todos se iban, me dejaban sola a merced de tu presencia y tus memorias. Te encontraba como lo he hecho tantas veces, te observaba como cuando descubrí el cantar secreto de tus ojos morenos, sonreía como la última vez que te abracé y sentí con mis manos el calor de tu cuerpo, temblaba como la tarde de nuestro primer beso. Veía cómo caminabas con ese andar calmoso con el que siempre te recuerdo, de un lado a otro ¿Qué esperabas? De repente parecías encontrar camino fijo y te dirigías a tu destino mientras yo contemplaba la escena y pretendía enervarme con tu esencia. Te acercabas a Libia y frente a mis miradas furtivas le obsequiabas un beso, de esos que se dan con el alma, que roban el aliento de un suspiro, esos que no se dejan al aire sino que se guardan para los labios del amante. Acto seguido mi corazón se marchitaba como lo hace la vida con el pasar de los años, lo sentía romperse cuales olas en las playas de San Blas, sentía que el alma sangraba mediante eso que llamamos lágrimas y de pronto...

¡Alabado sea el despertador! Jamás imaginé agradecer al reloj el irrumpir mis sueños; sin embargo en esta ocasión hago la excepción. Hace tiempo no tenía una pesadilla de esas que al despertar es casi imposible agradecer a la existencia el que no haya sido cierta.

Por la tarde sucedió algo que no me esperaba: Libia se acercó, me tomó del hombro y me habló. La reconocí de inmediato cuando sus ojos se encontraron con los míos. Entonces recordé que Libia Pomelos existe y tal vez aquello no haya sido un simple sueño. Parece que el espíritu de la guerra y la batalla ya se encontraba aquí desde hacía tiempo.

miércoles, 11 de enero de 2012

Y sigo sin entender por qué te conocí

"Los mejores encuentros son los que ya estaban predestinados por las almas mucho antes de que los cuerpos se encuentren"

A lo largo de nuestra vida conocemos a cientos, quizá miles de personas. Unas llegan para compartir poco tiempo a nuestro lado, otras llegan a quedarse para siempre. Están aquellas que nos hacen mal, pero también aquellas que nos hacen bien, nos topamos con seres humanos de todos sabores y formas; sin embargo hay algo que no logro comprender: ¿Qué es lo que sucede cuando conocemos personas únicas, de esas a quienes nos encontrarnos una vez cada mil años, aquellas con las que tenemos la fortuna de toparnos y coincidir?

Disculpen, pero en verdad no logro entender cómo es que el cosmos se compagina para dar lugar a encuentros que no habrían sido posibles ni antes ni después. Pareciera que si el tan afamado destino existiera, este diera paso a la causalidad para que dos almas y dos mentes se encuentren en el momento ideal. 

¿Les ha pasado? ¿Han tenido la desgraciada dicha de compartir tanto con alguien que pareciera que conocen desde siempre, alguien con quien han tenido muchos de los mejores momentos de la vida, incluso llegar a compaginarse de manera sorprendente e inusual en mente y alma? Yo misma sé que eso no debe ser, pero ¿cómo evitar lo inevitable? Bien dicen por ahí que el corazón no entiende las respuestas de la razón.

Me he desviado de la frase con la que abro el texto, la cual se explica por sí misma, pero el punto al que quería llegar con mi momento de desahogo es que no me explico por qué razón conocemos a ciertas personas, por qué se aparecen en nuestro camino y lo comparten con nosotros, por qué nos enseñan tantas cosas, por qué tienen que ser tan ellas, por qué su esencia es tan única, por qué pareciera obligación el tener que coincidir en esta vida.

¿Por qué escribo tan repetitiva idea? Por el simple hecho de que es una situación que a lo largo de mi existencia no he logrado esclarecer, pero prefiero que siga así, conservando la magia producida por el misterio que me provoca el querer entender por qué fue que te conocí.

jueves, 5 de enero de 2012

Hola a todas y todos

Jamás en mi vida había escrito una entrada en un blog y como dicen: siempre hay una primera vez. Esta es la mía.

Mucho gusto, Azul de Asbaje. Heme aquí, después de aceptar una invitación de una chica que conocí en Twitter hace unos meses para participar en este blog. Desde el principio la idea me atrajo y fue imposible de rechazar. ¿Por qué acepté? Primero que nada, siempre había querido escribir en un blog. Segundo, Brenda, es una persona a la cual estimo y que al ir conociéndola me hizo darme cuenta que es una persona magnífica. Pero, sobre todo, acepté porque en algún momento de mi vida me di cuenta que me gustaba escribir y comprendí la magia que tienen las letras al formar palabras abstractas que, unidas, forman oraciones con un sentido preciso.

Azul dice haber nacido en Sicorax, una de las 27 lunas de Urano y llegó a la Tierra para completar una misión la cual desconoce. Soñadora, de mente volátil y a veces retorcida, perversa, imaginativa, científica, neófita de las artes, persuasiva, temeraria, amante de los libros, la comida, la adrenalina, los simposios, lo paranormal, lo enigmático, el tiempo y el espacio. Escribe lo que piensa y lo que siente para abrirse a un mundo al que muestra su personalidad impasible y orgullosa. El ser humano que leerán pareciera no concordar con la persona que camina día a día en un mundo tan falto de humanidad pero créanme, es exactamente la misma mujer.

Es un placer compartir este espacio con chicas tan inteligentes como talentosas con las que estoy segura, haremos un gran trabajo. Bienvenidos lectores y los invito a que me conozcan a través de las palabras que emanan de mi ser esperando ser leídas. Amén.