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Mostrando entradas con la etiqueta Ximena Cuevas. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 5 de febrero de 2014

Al fin y al cabo inicié sesión:

La verdad no he escrito ni madres, y no sé cómo me he atrevido a entrar de nuevo aquí y publicar esto sin permiso. Pero se trata de mover los deditos y teclearle duro y bonito. No tengo idea sobre lo que puedo escribir a media noche, sin embargo estoy tratando de que algo venga a mi mente... No. No pude. Tengan linda noche.

lunes, 1 de octubre de 2012

Cómo las musas les robarían a los desgraciados


Si por cada musa descalza brincando en los charcos Mauricio se pusiera a cazar búhos, se extinguirían. Las musas se han multiplicado tanto que amenazan con poblar el mundo real, despojando a los desgraciados de su hogar, arrebatándoles hectáreas de tierra. El núcleo ya lo poblan 700 personas brincando sobre el magma. Se derriten unas, pero reaparecen, porque algún desgraciado se las imagina mientras escribe un poema, un libro, que luego guarda en un estante peludo y de color café, uno ya muy viejo con facha de heredado. No lo quiere publicar porque teme a las imprentas, las editoriales, que le rechacen su trabajo. Y como nadie le compra ese poema o libro muso-inspirado, pues los otros desgraciados se imaginan a más musas y así hasta que cada habitante real posea 3 musas. La lluvia cada día es más frecuente, erosiona calles, hasta que no forma hoyos no deja de chispear. Forma ya no charcos, sino lagunas donde danzan cientos de mujeres descalzas, algunas con zapatos de tacón lamiéndose el pelo largo y virgen, otras sólo huelen el aire y caminan como perros. Las de las orillas tienden a mudar de charco porque creen que merecen aguas más limpias.
Malditas musas hermosas que se jactan de perfectas poetas analfabetas, con piernas torneadas y brazos estilizados. Desgraciados desgraciados que sin querer pierden su patrimonio por cada mujer que inventan.
Las desgraciadas no han creado hombres candentes porque no han visto uno real, se limitan a vivir con señores 40 años mayor que ellas, con barbas canosas, uñas maltratadas que rozan las finas hojas donde escriben con sus carísimas plumas. Esas mujeres no les inspiran algo, les inspiran nada. Por eso no hay hombres candentes brincando en los charcos, y de haberlos serían estériles, para no procrear más mujercillas brincadoras. Así se vive en algún lugar, que día a día parece más cercano a la Tierra. Los búhos agradecen a Dios que Mauricio no sea poeta.

Por Ximena Cuevas

lunes, 4 de junio de 2012

Parte 1 y parte 2...

Se puso los botines de la hermana de su abuela para brincar en los charcos que se hacen en la entrada de su casa. Hermelinda no puede escuchar bien del oído izquierdo, (sólo ella sabe su desgracia y qué se la causó), así que siempre está dando el oído derecho a la calle, donde como cada día Fidencia, la vieja que vende leche, lleva a trabajar a su hijo, un buen mozo. La vieja es el diablo y muy carera, pero éso sí, tiene un chamaco hecho un cuero. El chiquillo también quiere tener sus quereres con Hermelinda. Y como es muy penoso, no puede ni voltear a ver a la sordita, pero le mueve la campana a la vaca para que ella lo voltee a ver.

Tiene mucho sarro en los dientes, es más, tiene más sarro que dientes, le huele la boca a antaño. Se sienta en una silla hecha de palma que compró a un ambulante por la grosera cantidad de 100 pesos con regateo. No sé si recuerda que a su esposa la conoció tocándole la campanita a la vaca, o al menos si aún recuerda que tiene esposa. Ya no es un cuero de muchacho. Ya es bastante viejo para saber q...ue un día lo fue. Ahora me toca a mí verlo cada que voy a la tienda de Mauricio. ¿Y cómo sé que a su esposa la conoció de esa manera? Bueno, porque ahora mi madre es esposa de su hijo. Mi abuelo es mi vecino, y mi abuela, bueno, mi abuela sabía que como al inicio, su marido terminaría por no hablarle. Así lo ama.
Ximena Cuevas.

lunes, 23 de abril de 2012

Interferencias...

Amor, necesito que vengas ahora, mi traje gris está sucio y la lavadora tira agua –lo sentimos, pero la extensión 569 ya no está en servicio, ¿desea tratar contactar con otra línea?-, y mañana en la mañana es la junta con los compañeros del proyecto ambiental, se lo presentaremos al jefe. Amor, lo siento estoy muy ocupada, no creo llegar hoy a la casa, creí que habías recibido mi mensaje, es tiempo de que te ocupes de tus cosas. –Señorita, hace 10 minutos contacté con la persona que atiende la extensión 569, es imposible que ahora ya no exista-. Amor, es urgente, te necesito aquí en la casa, no le entiendo a la lavadora y no sé qué detergente usar para mi traje. Amor, lo siento chiquito yo también estoy presionada, tengo muchos archivos que acomodar. –Señorita, la transferiré a otra línea, ahí le darán la información que pide sobre esa extensión, por mi parte ha sido todo, le atendió… pí, pí, pí-. Disculpe, mi señal de cable está fallando no me quiere agarrar los canales, todos me los pone sin señal. Ok, presione el botón menú de su control y seleccione la opción… Amor, se fue la luz en el edificio, supongo que mis deberes en la oficina estarán pendientes para mañana, te veo en una hora, mientras sácale todo de las bolsas a tu traje y pónmelo sobre el sillón, yo me encargo, te amo. Por eso te amo. Pí, pí, pí…


Ximena Cuevas


domingo, 26 de febrero de 2012

Nixtamal



En la mañana del día anterior a éste yo estaba desgranando el maiz (así, sín acento). Entre cada mazorca caían unos mil granos a la bandeja, me gustó oír el sonido de los granos al caer en ésta. Mis manos quedaron como empolvadas. Los olotes los metí en una lona, que terminaron usándose por mi abuelito para hacer lumbre (como si fuera leña). Llevé la bandeja con el maiz desgranao a la covacha, luego entré a la casa para avisar de mi trabajo finalizado. Mi abuela se encargó de preparar el nixtamal. Y a mí me tocó un taco de tortilla hecha a mano huntada de manteca y sal. 
Mi abuela ayer en la noche llenó las cubetas con el nixtamal, para que al otro día (hoy) en la mañana mi abuelito en punto de las 5 de la mañana se levantara, se vistiera, se pusiera su gorra amarilla con un sol (efectivamente era del PRD), le hiciera moñito a sus zapatos negros de vestir y finalmente cargara las cubetas llenísimas de maiz mojado (nixtamal) para dejarlas en el molino. 
Nunca hacía fila, porque a esa hora nadamás estaba él. La señora del molino le molía su maiz, él regresaba ya con la masa lista a casa de usté. Y como a éso de las 7 de la mañana llegaba la gente pá comprar masa. Sí es un trabajo duro, cabe decir que el maiz que se utilizó para la masa de hoy no era el mismo que desgrané ayer. Era otro, pero sépa Dios lo que hacen mis abuelitos, son sabios del maiz. Yo nomás disfruto mi tortilla con manteca y sal mientras les cuento ésto. Que a decir verdá, dudo que a la gente pipirisnais de la suidad le importe ésto. Ustedes nadamás van a la tortillería a comprar su kilito y su salsa. ¡Ah! La salsa acá en el pueblo la hace cada familia, no la compra. 
Todos por acá sabemos hacer lo que nos comemos.

Así es la vida en el pueblo. Así de rico sabe comer. Así se trabaja para comer rico.


Ximena Cuevas

viernes, 24 de febrero de 2012

Y todo empezó con un cuernito y la plática de un himen


Antes de empezar a publicar las cosas que escribo y que para Brenda Díaz le parecieron buenas como para invitarme a ser parte de este blog. Soy una más de ellas, de estas mujeres que escriben, conozco a pocas de ellas, y de todas soy la principiante. Espero ser de su agrado. Aunque lo que escriba sea chiquito no significa que sea flojera, sólo que me cuesta alargar las cosas. Les dejo algo chiquito para presentarme.
Él ha hecho los mejores dibujos que he visto, las mejores pinturas. Una pintura de hongos la colgó en su recámara. tenía un bote lleno de pinturas largas y profesionales. Me heredó su cuaderno con dibujos de Aztecas, Jesús, rostros, mujeres.
Tiene una habilidad sorprendente. Mi herencia se ha quedado en una maleta, bajo una cama, en una recámara con paso directo a la pileta de agua.
Mi herencia ya está café y huele a viejo. Huele a que sabe rico.
Hace poco que lo recuerdo, inició con mis clases de literatura hablando de de pinturas impresionistas y sus técnicas de manchones. Así era el cuadro de los hongos, así era el cuaderno.
Quiero volver a ver al artista que jamás fue artista, que fue mi padre y jamás fue mi padre.
Quisiera verlo con sus magníficas obras en mis manos y sin hacer más nada. Irme. No le dejaré nadita de lo que dejó en su otro hogar. Nadamás le nacerá la espinita del "¿a quién diablos vi y qué me quiso dar a entender?"
Quiero que vuelva a pintar. Que no me vuelva a querer, pero que vuelva a pintar a escondidas y me vuelva a heredar.
Ximena Cuevas