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jueves, 29 de noviembre de 2012

Adiós...



¿Qué? ¿En serio no sabías? Cada letra de adiós es una bala que se incrusta en el corazón y en la memoria de las personas a quienes se los dedicas. Pasa lo mismo con las cartas, con los poemas y con todo lo que escribes; incluso con lo que no plasmas y solo piensas... o con lo que ni siquiera piensas. Porque sí, lo que no dices ni piensas y queda únicamente en silencio, en vacío, en nada, es peor.

¿Nunca te dije que no dijeras adiós a menos de que estuvieras segura de las implicaciones de esa palabra? Debí hacerlo. Mírate ahora, ¿en serio me extrañas? Creo que más bien, en términos "brendinianos",  me necesitas.

Ni modo, ya no hay algo que puedas hacer. Estoy a miles de millones de kilómetros y nunca guardaste mi número de teléfono en la memoria de tu celular... ni en la de tu cabeza. 

Yo solo dije hasta pronto, pero fuiste tú quien decidió decir adiós. Lo pensaste con las tripas, ¿qué le vamos a hacer? 
Adiós.




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