Aún recuerdo cuando la luna y las estrellas firmaban como testigos las noches en que entrelazadas, tus piernas con las mías, nos amábamos a la luz de las velas.
Recuerdo también los colores cálidos de las flamas que danzaban sobre nuestros cuerpos, quemándonos las almas y convirtiéndonos en cenizas encendidas esparcidas por el cosmos al compás de nuestros latidos apasionados.
Cómo olvidar cuando fuimos brisa matutina o viento del crepúsculo. Cómo olvidar que por un momento fuimos Phobos y Deimos girando en torno al dios guerrero Amor... Pero el destino siempre alcanza al héroe y nadie nos vio esta tarde con las manos unidas*.
*Frase retomada del Poema X de Pablo Neruda.
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